PORQUE SER CRISTIANO
El tema de creer en Dios y
creerle a Dios, es un asunto un tanto abstracto para muchos de nosotros como
creyentes y/o cristianos. Vivimos un tiempo de mucha efervescencia y
complejidad en donde abunda la información de todo tipo, con muy poco
raciocinio y análisis de ésta, se acepta fácilmente la información enlatada sin
sentido crítico por parte de la gente. Otro punto importante cuando hablamos de
Dios, ¿estamos hablando del mismo Dios o tenemos un dios diferente según
nuestro propio criterio?
Para mi Dios es el creador de
todo cuanto existe, de lo visible y lo invisible, el alfa y omega, compuesto
del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, quien nos llama a ser sus hijos por
medio de Jesucristo para salvación y vida eterna.
En este mar de ignorancia, donde
aceptamos a la ligera todo lo que oímos, sin preguntarnos por la fuente de
donde viene y que objetivo persigue; caemos en una falta de identidad que a su
vez nos hace vivir una vida llena de superficialidades, provocando un vacío
interno y una inconformidad con nosotros mismos, donde no encontramos paz
interior y tratamos de llenar ese vacío con placeres fugaces que hacen que la
carga sea aún más pesada, aumentado ese vacío y desconsuelo, y nos volcamos
hacia todo tipo de vicios (drogas, alcohol, sexo, juegos al azar, etc.),
idolatrando figuras del espectáculo o siguiendo corrientes que marca la moda.
¿Con qué me identifico como
creyente? ¿Cuáles son esos rasgos que nos hacen diferentes y nos identifican
como un verdadero cristiano?
Lo primero es creer en Dios y
creerle a él y a lo que su palabra dice, así como, en quién es El, y en lo que El puede hacer y en lo que El
dice que somos, además de tener la convicción y la certeza en su palabra y que
somos redimidos de nuestras transgresiones por medio de Jesucristo. Ser
cristiano es creer en Dios Padre, en Jesucristo y en el Espíritu Santo, donde
no hay espacio para tonos grises, o es blanco o es negro, soy creyente o no soy
creyente, como cristiano debo plegarme a su palabra para disfrutar de las promesas,
bienaventuranzas y bendiciones a que somos llamados, a través de la perfección
y del conocimiento de Dios, guiados por el Espíritu Santo, por medio de
Jesucristo.
Aceptar a Jesucristo como hijos
de Dios, el cual nos hace coherederos de su poder y gloria y nos invita a
utilizar el poder que lo resucitó de los muertos y nos fortalezcamos en su
fuerza para superar todo obstáculo y ser hijos de Dios.
Conocer y vivir conforme a la
palabra de Dios y a sus mandamientos, esto es la hoja de ruta que nos guía a través
de nuestro diario quehacer, para así tener el favor de Dios. Tendremos retos,
dificultades, penas, tentaciones, situaciones que nos hacen estremecer nuestro
espíritu; sin embargo podemos tener la seguridad para superar todas estas dificultades,
sabiendo que Jesucristo murió por nosotros y nos redimió de todo pecado,
enfermedad y miseria. Por nuestra naturaleza humana vamos a caer y ceder ante
las trivialidades de la vida, pero nos iremos perfeccionando en la medida que
nos dejemos llevar por la palabra de Dios y actuar conforme a las enseñanzas de
Cristo Jesús. Debemos buscar constantemente el conocer la palabra de Dios y su
sabiduría y estar sensibles y prestar oído a lo que el Espíritu Santo nos
revela, para hacer la voluntad y el propósito que Dios tiene para cada uno de
nosotros.
El medio para entrar en una relación
con Dios, es la oración y la meditación; hablar con El, dar gracias por su
misericordia y el perdón de nuestras faltas, por la salud y el bienestar, así
como las pruebas y retos a que nos vemos enfrentados diariamente, y la promesa
de una vida eterna disfrutando de su gloria; exponer nuestros problemas y
nuestras victorias ante él, contar con la guía del Espíritu Santo para tener la
sabiduría y superarnos día a día en busca de la perfección apartándonos del mal
y acercándonos hacia una vida más espiritual, donde lo material va perdiendo
valor, conforme la relación con Dios se fortalece, con lo cual alcanzamos vivir
plena y satisfactoriamente y en paz.
¿Qué es lo que espera Dios de nosotros? Que lo honremos y glorifiquemos
dando testimonio de lo que El hace en nuestras vidas, todo logro y/o prueba
superada debemos darle gracias a El a través de Jesucristo. El es un Dios
celoso, firme e implacable con los que hacen lo contrario a sus ordenanzas;
pero lleno de amor, compasivo, misericordioso, protector con aquellos que
practican su voluntad. Permite lo malo, las tragedias, los desastres, la
corrupción, el hambre, las calamidades, las pestes, etc., para testimonio de
aquellos que insisten hacer las cosas que a El le desagradan. Si nos volvemos a
Dios en arrepentimiento de corazón y buscamos su justicia, dejando las cosas
banales nuestras miserias se irán diluyendo y veremos la luz resplandeciente de
su gloria.
Nuestra incredulidad, la duda y el temor son las principales barreras que
nos apartan de Dios ¿Cómo podemos superar estas limitaciones? Mediante el conocimiento,
la instrucción, la lectura y el escuchar su palabra; orando para que el
Espíritu Santo nos guíe a todo conocimiento y aceptando que el poder de
Jesucristo está a nuestro favor en el quehacer diario de nuestras vidas, así
como, creyendo lo que su palabra dice que somos en Cristo Jesús.
La duda y el temor son armas de satanás que sabe utilizar muy bien para
drenar nuestra confianza en Dios, él es el ser más actual y activo en el engaño
y la mentira, sabe aprovechar cada una de nuestras debilidades para hacernos
caer en el pecado y demostrarnos que lo bueno y noble no existe, por tanto la
perfección en Dios tampoco existe. Pero si escudriñamos las escrituras nos
daremos cuenta que Jesucristo en la cruz venció al mundo y que somos más que
vencedores en Cristo, si seguimos sus ordenanzas y mandamientos. Abandonemos
nuestra naturaleza pecaminosa y busquemos a Dios por medio de Jesucristo, así
lograremos ser verdaderos creyentes y marcar la diferencia entre el pueblo de
Dios y el pueblo del mundo. Que seamos luz en el mundo y vivamos como los hijos
del Dios vivo, creador de todo cuanto existe, el dador de vida; en victoria,
esperando su segunda venida para alcanzar la gloria celestial. Y que sean los
del mundo los que busquen la luz y no el pueblo creyente el que busque las
cosas del mundo.